Es muy común que las imperfecciones, diferencias y conductas de nuestra pareja se conviertan en el «material bélico» de las discusiones, que con frecuencia terminan en verdaderas batallas campales, agravando la situación inicial con heridas más profundas. La relación termina afectada, y cada miembro herido o destruido en su amor propio y en su autoestima.

Cuando más cerca estamos de alguien, y más familiaridad tenemos, los riesgos de hacernos daño son mayores. La comunicación puede convertirse en el elemento más destructivo, las palabras volverse dardos que matan el amor, y nuestras expresiones lanzas que causan heridas difíciles de sanar.

Una discusión no debería hacer daño a nadie, debería ser una conversación en la que expresamos nuestras diferencias y desacuerdos dentro de un clima de respeto y afecto.

El problema casi siempre está en que comenzamos una discusión sobre algo muy determinado, y terminamos afectados por la forma como lo hicimos.

El asunto en cuestión, el motivo de la discusión pasa a un segundo plano, podíamos haber aceptado o comprendido el punto de vista de nuestro compañero(a), pero la forma como se hizo no permitió la aceptación.

En el fondo podemos estar de acuerdo con nuestra pareja, pero seguiremos discutiendo con obstinación porque nos sentimos desaprobados, sin respeto ni aprecio y creemos que si aceptamos su punto de vista nuestra autoestima puede sufrir daño.

Como principio general no deberíamos discutir nunca, deberíamos siempre dialogar. Podemos llegar a expresar todos nuestros sentimientos negativos sin necesidad de pelear, dentro de un diálogo respetuoso y sincero.

Las parejas que pasan la mayoría de su tiempo peleando terminan matando el amor lentamente.

Si reprimen sus sentimientos para no discutir y terminar peleándose, al final esa represión terminará afectando todo sentimiento de afecto.

El diálogo debe efectuarse dentro de un clima de respeto, afecto y tranquilidad.

Cuántas veces nos han dicho o hemos dicho: «Lo que me ofendió no fue lo que me dijo sino la forma como me lo dijo«. Es ahí donde casi siempre radica el problema. Utilizamos palabras ofensivas o a veces vulgares, hiriendo la delicadeza y la susceptibilidad de la otra persona.

Un simple desacuerdo puede parecer al oído del otro un ataque frontal. Una recomendación se convierte en una orden y es imposible así lograr el propósito del diálogo que es llegar a un acuerdo.

«Una cuchara de miel atrapa más moscas que un tanque de vinagre».

Las expresiones pasadas de tono hacen daño, e impiden que sean aceptadas las ideas que queremos expresar. Muchas veces terminamos queriendo imponer nuestras ideas y el otro defendiéndose de nuestras expresiones.

«Para una discusión se necesitan dos, para terminarla solo basta que uno quiera»

Debemos cuidar que nuestras conversaciones no se conviertan en discusiones, y a la vez ser conscientes de la forma como lo estamos haciendo, para cambiar o detener por completo nuestra conversación.

Un periodista entrevistó en sus bodas de oro a una pareja que nunca se les veía discutir.

¿Cuál es el secreto que ustedes tienen por el cual nunca se les ve discutir?

El anciano contestó:

Cuando nos casamos mi padre me dio un sabio consejo: «Hijo siempre que tengas un problema con tu esposa antes de discutir con ella sal y camina hasta que pase tu enfado y puedas escucharla«.

El periodista le dijo: «Creo que le ha dado resultado»

«Por supuesto que sí, pero es mucho lo que he caminado» respondió el anciano.

Salir y caminar permite tranquilizarnos, curar nuestras heridas, quitarnos tensiones y así poder intentar comunicarnos nuevamente sin discusiones.

No se trata de huir o de negarse a hablar, esto puede convertirse en una guerra fría que termina haciendo tanto daño como la discusión. Se trata de darse un descanso, tomarse un tiempo para reflexionar y lograr que los ánimos se calmen para luego volver a hablar y solucionar los problemas en forma más afectuosa.

«Para una discusión se necesitan dos,  para terminarla solo basta que uno quiera»

Muchas parejas terminan no hablando de sus diferencias debido a que no quieren correr el riesgo de maltratarse. Terminan castigándose mutuamente, no se hieren verbalmente pero se niegan el afecto y el cariño que se merecen como pareja.

Puede producirse una aparente o tensa calma, que más tarde se reflejará en la disminución de los sentimientos de pasión y amor que en un comienzo los unieron.

Por no saber tratar y manejar sus diferencias, terminan dañando la relación y empobreciendo su autoestima.

Podemos también optar por fingir, para no ser heridos. Hacemos creer a nuestra pareja que no estamos afectados, aún nos podemos mostrar felices y satisfechos, pero pronto el resentimiento aparecerá y bloqueará nuestro amor. Por más que nos digan «no pasa nada» sentiremos que sí pasa.

Este es un comportamiento más frecuente en la mujer que en el hombre.

Podemos también por evitar discutir, optar por «aceptar» y asumimos la culpa y la responsabilidad de los hechos con tal de no hacernos daño. Se da la sensación de una relación muy afectuosa, de mucha comprensión, pero al final, la víctima termina maltratándose y afectando su autoestima.

Cuántas parejas mantienen una relación en la que nuncase pelean, hay una armonía aparente, pero alguno de los dos nunca ha podido ser feliz, ha estado siempre deprimido aceptándolo todo durante muchos años.

Algún día van a lamentar haber renunciado siempre a sus derechos, a su individualidad, a ser autónomos.

Es mejor afrontar las diferencias y correr los riesgos que eso representa, tratando sí de evitar el plano de la discusión y procurando un diálogo sano y auténtico.

Discutimos porque no nos sentimos amados, nos duele el rechazo, el maltrato, el sentirnos relegados o poco apreciados.

Si tenemos nuestras necesidades emocionales satisfechas, estamos más dispuestos a aceptar aquellas cosas que nos pueden incomodar, y podemos escuchar y hablar con más respeto y compresión.

El diálogo nos permite resolver las mismas discusiones, las diferencias de opinión y los sentimientos negativos.

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Por Tu Paz Interior,

Equipo MiParejaMIEspejo.com

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